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SE VE Y SE OYE

by purelife on March 12th, 2012

Como toda buena película, “La vida de Iñaki” debería poder vivirse… con los ojos cerrados. Tan grande creemos que es la importancia del sonido en una historia. Y no hablamos sólo de la banda sonora, sino de todo aquello que se oye: el sonido de unos crampones al perforar el hielo, una respiración, el motor de un helicóptero que parece acercarse entre la niebla (no lo vemos, pero lo oímos), el rugir del Annapurna, una montaña hecha de sonidos estremecedores, avalanchas, bloques de hielo fragmentándose bajo la luz de la luna, serács derrumbándose sobre el espacio por el que acabamos de pasar. Y también el sonido de lo cotidiano: el hervir del té en casa de Alexei, un acordeonista ciego en las calles de Almaty, las ruedas del avión que nos lleva de un país a otro, chirriando al impactar contra el suelo. Esta historia está llena de sonidos. Ernesto Santana, en su estudio, es quien se encarga de que todo cobre sentido. Buscando a veces la intensidad –una avalancha suena como un terremoto-, a veces la limpieza absoluta –los arrozales de Nepal sólo suenan a agua tranquila y a viento muy suave-. En todos los casos, es la historia quien decide qué oímos y qué no, y Ernesto quien nos ayuda a que la historia suene a verdad.

As all good film, it should be possible live “The Ridge” … with eyes closed. We believe the importance of sound in a story is really great. And not just talking about the soundtrack, but all that is heard: the sound of crampons drilling the ice, a breath, the engine of a helicopter that seems to come close through the fog (we don’t see it, but we hear it), the roar of the Annapurna, a mountain made of sounds shocking, avalanches, ice blocks breaking up under the moonlight, seracs that collapses on the way whereby we just passed. And also the sound of everyday: the boiling of the tea at Alexei’s house, a blind accordionist in the streets of Almaty, the wheels of the plane that takes us from one country to another, screeching in its hit against the ground. This story is full of sounds. Ernesto Santana, in his studio, has to make that everything acquires sense. Sometimes, he searches the intensity: an avalanche sounds like an earthquake. Sometimes searches the absolute cleanliness: the rice fields of Nepal sound like calm water and very gentle wind. In all cases, the story decides what we hear and what not, and Ernesto is who helps us to that the story sounds to truth.

From → The movie

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